
Tras la invasión de Holanda, los Frank, comerciantes judíos alemanes
emigrados a Amsterdam en 1933, se ocultaron de la Gestapo en una
buhardilla anexa al edificio donde el padre de Ana tenía sus oficinas.
Eran ocho personas y permanecieron recluidas desde junio de 1942 hasta
agosto de 1944, fecha en que fueron detenidos y enviados a campos de concentración.